Salud

Los peligros que el niño corre

Las madres, es cierto, se desviven, y hacen todo cuanto esté en su mano para proteger a sus hijos de los diferentes males y enfermedades que hay a su edad; los accidentes también forman parte de la vida, y hay que tener en cuenta que, en muchos casos, estos eventos no suelen ser fruto de una desgraciada casualidad.

Las madres, es cierto, se desviven, y hacen todo cuanto esté en su mano para proteger a sus hijos de los diferentes males y enfermedades que hay a su edad; los accidentes también forman parte de la vida, y hay que tener en cuenta que, en muchos casos, estos eventos no suelen ser fruto de una desgraciada casualidad. Frecuentemente se oye decir: «Fue un accidente estúpido». Y la frase es cierta si tenemos en cuenta que todos los accidentes son estúpidos en la medida en que hubieran podido evitarse.

Las cifras son bastante concluyentes: entre el año y los 18-19 años, un 20 % de las muertes son imputables a los accidentes más diversos, que a pesar de desarrollarse de modo diferente según la edad del niño y del adolescente, y de su grado de evolución, suelen tener más o menos el mismo origen. Cuando se conocen las causas y las razones que han originado los accidentes, se está en unas condiciones inmejorables para poder evitarlos con solo tomar las precauciones necesarias con la debida antelación. Una regla básica es que nunca debe dejarse sin vigilancia, al menos de oído, a un niño pequeño que está en su cuna o a niños solos dentro de la casa.

El bebé

El niño que no ha cumplido aun el año de edad, está precioso, se cría bien, pero se le ve todavía muy frágil, muy pequeño. ¿Qué riesgos corre ese niño, por regla general? La asfixia si, por ejemplo, se desliza debajo de las ropas o hunde la cabeza en una almohada demasiado blanda. Este peligro puede evitarse con mucha facilidad si se tienen ciertas precauciones, sencillas pero muy importantes:

– Acostarle en una cuna a su medida o, simplemente, atar fuertemente el colchón y la ropa de la cama, justo a la altura de sus pies, para ·impedir con esto que se deslice. Se extremarán las precauciones para que los niños no jueguen con los enchufes de la electricidad, debido a los peligros que comporta.

– Ponerle una almohada dura y baja.

– Es recomendable no recogerle las sábanas y mantas debajo del colchón demasiado prietas, sino sujetarlas, por ejemplo, con unas pinzas especiales; cuando el niño crece y empiezan a salirle los dientes, suele estar inquieto y trata de hacerse con la sábana para mordisquearla o jugar, pero si la sábana está bien sujeta con las pinzas no lo conseguirá y se evitará que pueda hacerse un lío con la ropa.

– La cuna del niño suele ser muy bonita con un pabellón vaporoso, que le protege de la luz y del frío, pero hay que sujetarlo bien para que no se le caiga encima cuando, por ejemplo, trate de cogerlo con las manos.

– Si la madre no está junto a él, es aconsejable que se retire a cualquier animal doméstico que pueda haber en la casa, ya que a estos animales les suele gustar el calor y la comodidad de la cuna, lo que podría provocar que subieran a la cuna y ahogaran al niño con su peso.

– Con estas precauciones, se han evitado las causas externas de asfixia, pero no hay que olvidar los problemas que se pueden ocasionar en relación con las cosas que el niño puede tragar, con el consiguiente peligro de obstrucción de las vías respiratorias y todas sus gravísimas consecuencias.

– Para evitar esto en la medida de lo posible, el niño no debe tener nunca en la mano juguetes pequeños que le quepan enteros en su boca, ni de tal calidad que pueda morderlos o deformarlos de forma que puedan constituir un peligro para su salud.

– Después de darle de comer, es conveniente acostarlo siempre de medio lado para facilitar la evacuación de los posibles vómitos que el niño pueda tener, que son muy peligrosos cuando se rechazan hacia las vías respiratorias.

– No hay que olvidar que el exceso de calor es, en muchas ocasiones, mortal para un niño, porque su centro de regulación térmica no está todavía completamente desarrollado. Los adultos, con el centro perfectamente desarrollado, tienen un dispositivo de regulación de la temperatura que proporciona al cuerpo un calor constante cualesquiera que sean las condiciones exteriores.

– También es importante mantener al niño bien hidratado. El calor de un cuarto con poca ventilación puede hacer que el niño se deshidrate, lo que puede hacer que su temperatura corporal aumente a más de 41 ºC, y las consecuencias pueden ser peligrosas.

– En los meses más cálidos, especialmente en verano, nunca se debe dejar a un niño solo dentro de su cochecito, aunque se piense que se le deja a la sombra, porque el sol va cambiando y, además, el calor ambiente puede ser más que suficiente para poner la salud del niño en peligro. Téngase en cuenta que el calor excesivo también se puede dar en invierno, por ejemplo, en una habitación demasiado caldeada.

La edad de los niños, entre el año y los 4-5 años, es la época en que el niño necesita mayores cuidados y protección, ya que solo en este período de edad se producen el doble de accidentes que entre todas las edades siguientes.

A esa edad, los niños no tienen absolutamente ninguna noción del peligro y, por consiguiente, no puede respetar unas prohibiciones cuyo sentido no comprende. Para los niños de esta edad todo es nuevo y tentador y, a veces, temible, en un mundo que va descubriendo poco a poco a costa de exponerse a numerosos riesgos y peligros.

Los peligros del agua.

El agua es el mayor peligro que corren los niños durante los primeros años. El agua para un niño, es hermosa, brilla y se mueve, y tiene un maravilloso atractivo, y siente un deseo de tocarla y jugar con ella; por eso se acerca, tropieza… y puede producirse lo indeseable, que puede ocurrir incluso en un arroyuelo de 30 centímetros de profundidad.

El agua también puede ser un peligro en casa. Nunca debe dejarse en el suelo un barreño lleno, pues bastan unos momentos de descuido para que se produzca el accidente.

La cocina también puede ser una fuente de problemas para los niños, por eso no hay que dejarlos acercarse a la cocina, ni siquiera a la caja de la labor o la caja de las herramientas. Si en la casa hay algún tabique de cristal, es conveniente hacerlo notar con un papel de goma pegado sobre él para evitar que el niño pueda chocar y se haga daño.

Cuando se va a bañar a un niño, también se deben guardar ciertas precauciones. Así, cuando se está a punto de bañar al niño y llaman a la puerta, o suena el teléfono, no debe nunca dejarse solo al niño cerca del agua, y mucho menos dentro de la bañera, incluso si se piensa que se va a tardar solo unos segundos.

Si en el jardín o en el patio de la casa existiera alguna piscina, pozo o cisterna, es conveniente cercarlo con una verja de protección, y lo mismo si hay un estanque; lo importante es hacerlo inaccesible para el niño. Lo que no se debe hacer jamás es fiarse de la propia vigilancia, ya que en un momento dado puede fallar, ni tampoco confiar en la obediencia del pequeño.

El peligro del fuego en todas sus formas.

El peligro del fuego no se limita exclusivamente a las llamas, también a todo lo que pueda arder o quemar. Por ejemplo, los líquidos demasiado calientes que, aunque no estén hirviendo, suelen ser el motivo de muchos desgraciados accidentes, pues la gravedad de las quemaduras depende más de la extensión de la zona afectada que de la profundidad. En este aspecto, toda prudencia es poca para alejar al niño de las muchas ocasiones de peligro que se presentan cada día en el hogar, sobre todo teniendo en cuenta que el niño olvida muy pronto las advertencias.

No debe dejarse nunca en el suelo un barreño o un recipiente con agua caliente, pues el niño puede estar distraído por mil cosas (por ejemplo, por el vuelo de una mosca, un rayo de sol o cualquier otra cosa), va y viene, anda hacia atrás y puede tropezar y caer de espaldas en el recipiente y hacerse daño.

También hay que tener un cuidado especial con las cacerolas, sartenes, cazos, etc., que puedan estar calentándose en la cocina, y poner siempre el mango mirando hacia la pared, porque, si no, el niño, siempre a la busca de novedades, puede que trate de agarrarlo para ver qué hay dentro, y al empinarse para alcanzarlo puede colgarse de él, desequilibrar el recipiente y volcárselo encima.

Ante el fuego de verdad que arde en la chimenea, el niño suele tener cierto miedo, pero muy pronto se envalentona, empieza a echar papeles e incluso juguetes y se aproxima para verlo de cerca, corriendo el riesgo de caerse o de prender fuego a sus ropas y a la casa.

Los elementos inflamables, como las cerillas y mecheros deben ocultarse o, al menos, ponerse fuera del alcance de los niños. No olvide que no hay que vestir nunca a los niños con prendas de tejido inflamable.

Aunque estén todavía nuevos, conviene retirar los juguetes que tengan materiales inflamables, porque son una potencial causa de problemas para el niño.

En el hogar, la electricidad es otro gran enemigo en relación con la seguridad del niño, ya que los agujeros de los enchufes son una auténtica tentación para sus pequeños deditos, que todo lo quieren explorar y hurgar, y podría llegar a introducir algún objeto puntiagudo y metálico. Sin embargo, todo esto tiene fácil solución si se colocan unos enchufes de seguridad, o tapones móviles, que queden bien sujetos en los enchufes que no se usan. Por otro lado, téngase en cuenta que no tiene ningún objeto dejar enchufados los aparatos eléctricos una vez que se han dejado de utilizar.

El peligro de los accidentes de circulación.

A menudo, los niños pueden llegar a ser víctimas de accidentes de circulación, bien como pasajeros de un vehículo, bien como simples peatones (a mayor parte). En estos casos, es necesario reforzar las medidas de vigilancia del niño.

El peligro de las caídas.

Las caídas de los niños pueden tener mucha importancia. Si bien, una una caída desde su propia altura no tiene ninguna importancia, sí puede llegar a tenerla si va a dar con la cabeza en el cristal de uno de esos grandes ventanales que puede haber en las casas. Para evitar este tipo de accidentes, sería conveniente colocar en el interior una rejilla fina que cubra totalmente el vidrio, que puede pintarse del mismo color de los marcos de las ventanas para que la transformación no resulte antiestética, y a la misma vez resulte visible para el niño en estos casos.

La silla alta en la que se suele sentar a los niños de 1 a 2 años no debe colocarse cerca de un mueble, porque el niño puede tratar de empujarlo con los pies o con las manos para probar su propia fuerza, sin que se llegue a tiempo de evitar accidentes como la caída hacia atrás de la silla.

En las casas donde exista, se ha de tener un cuidado especial con el sótano y cerrar siempre la puerta con llave, puesto que el niño puede llegar a caer por la escalera, y si los peldaños son de piedra, la caída puede llegar a ser grave.

No hay que escatimar esfuerzos en lo que a la protección de los niños se refiere. Las caídas por la ventana son muy peligrosas; para evitarlas, sería aconsejable colocar una red de 0,75 a 1 metro, de forma que el niño no pueda trepar por ella ni, por supuesto, quitarla. No es prudente confiar en la seguridad de las persianas, porque puede suceder que una tarde se deje solo al niño dormido en su habitación y, aunque parezca que su sueño es tan profundo que no va a despertarse tan pronto, lo haga, y en lugar de llamar, se lance a la aventura de trepar a una silla para tratar de abrir las persianas o, simplemente, a jugar; si lograra abrirlas, es muy posible que ocurra un accidente.

Estas caídas por la ventana son más frecuentes de lo que parece, y no solo le pueden ocurrir a los niños, también a los adultos que se apoyan en el marco de una ventana demasiado baja o sin protección. La altura normal del repecho de la ventana debe ser, por lo menos, de unos 95 centímetros y, si es posible, de 1,10 metros.

Atención a las barandillas de reja o de hierro forjado. Tienen que estar sujetas al marco de la ventana, y sus engarces deben protegerse de la intemperie, ya que poco a poco podría estropearlas, con grave peligro. Su eje ha de ser siempre perpendicular a la dirección del empuje, tanto en las ventanas corno en las barandillas y balaustres de balcones que, al estar constantemente al aire libre, corren el riesgo de que el cemento en el que se apoyan se disgregue por efecto del hielo o del óxido. Si el estado de estos pretiles y antepechos no es bueno, no hay que retrasar ni un día su comprobación y reparación, antes de que pueda producirse un fatal accidente. Los balcones con balaustres artísticamente decorados no son, precisamente, los más apropiados para una casa con niños, pues les encantan los juegos y las acrobacias, y a veces los utilizan como barrotes de una escalera para trepar sobre el nivel de la barandilla.

Las escaleras, los líquidos venenosos pero de colores llamativos y las cerillas constituyen otros tantos atractivos para los niños. Si por desgracia ocurre un accidente, hay que conservar la calma y avisar de inmediato al médico.

Una advertencia importante: en casa o fuera de ella, si la madre llega justamente en el momento en que el niño está en un trance de peligro, aunque le cueste un esfuerzo sobrehumano, no debe nunca gritar, sino permanecer tranquila, al menos aparentemente, apaciguar al niño si tiene miedo (cosa poco probable) y sobre todo aconsejarle con calma y sosiego, pues en estos casos la serenidad y la tranquilidad son las mejores maneras de evitar un drama .

El peligro de la asfixia por objetos tragados.

Estas cosas se pueden producir por cualquier cosa, un dulce, una avellana, un caramelo… Si el objeto puede verse en el fondo de la garganta, hay que examinar la posibilidad de si es posible sacarlo con los dedos sin causar daño al niño, con mucho cuidado; en caso contrario, si no hay otra alternativa y sin dudar un instante, sería de ayuda coger al niño por los pies, poniéndole cabeza abajo, golpeándole la espalda a la altura de los omóplatos. De este modo, es muy posible que el niño arroje el objeto por la boca. Si aun así no se consigue, hay que llevar al niño inmediatamente al hospital más cercano, sin dejar de practicar, mientras tanto, la respiración boca a boca si fuera necesario.

El peligro de la asfixia por objetos tragados.

Las intoxicaciones por accidente también son más frecuentes de lo que parece. Suelen producirse, principalmente, por dos motivos: los productos de limpieza y los medicamentos guardados en casa. Desgraciadamente, los primeros están casi siempre a la altura de los ojos del niño, porque por lo general se guardan debajo de la fregadera o en la parte baja de un armario, de modo que siempre se tengan a mano; los segundos suelen guardarse en armarios, pero a veces por descuido se dejan sin cerrar con llave, o sencillamente se olvidan encima de una mesa o en el cajón de la mesilla.

¿Cómo habría que llamar a estos olvidos? ¿Negligencia, imprudencia o distracción? Hay un poco de todo esto y, de hecho, hasta las personas a quienes se considera buenos padres pueden cometer estos graves errores. Pero, además, hay algunos detalles esenciales que la mayoría de los padres ignoran y que, de conocerlos, les harían reflexionar seriamente: cuando un niño prueba o huele una sustancia, no tiene en absoluto el mismo criterio que un adulto, ni razona de igual manera, ya se trate de sustancias comestibles o no.

La prudencia es una virtud que debe inculcarse tanto al niño que busca un rato de diversión montando en su bicicleta como al que cruza las calles para dirigirse al colegio.

Para evitar estos accidentes, que podrían tener un mal desenlace, es aconsejable:

– Es preferible no cambiar nunca de envase los productos de limpieza y, si por cualquier razón se tuviera que hacer, poner una etiqueta en la que se indique, del modo más legible posible, qué contiene el frasco y subrayarlo con rojo. Esta precaución es particularmente eficaz para el ama de casa, ya que atraerá su atención sobre los productos que debe cerrar con llave una vez que ya los ha utilizado.

– Es preferible no cambiar nunca de envase los productos de limpieza y, si por cualquier razón se tuviera que hacer, poner una etiqueta en la que se indique, del modo más legible posible, qué contiene el frasco y subrayarlo con rojo. Esta precaución es particularmente eficaz para el ama de casa, ya que atraerá su atención sobre los productos que debe cerrar con llave una vez que ya los ha utilizado.

– Y, por último, no descuide los insecticidas y raticidas, que a veces se dejan en el suelo en un platillo o en trozos de pan para librarse de esos visitantes tan desagradables. Si se deja al niño al alcance de estos productos, aunque solo sea un par de minutos, un día u otro los probará también y podrían ponerlo gravemente enfermo.