Casa

El orden dentro de la casa

El orden, esa gran virtud. El orden en la casa contribuye, sin duda y en gran medida, al placer de vivir, pues hace ganar tiempo y ahorra muchas fatiga innecesarias.

El orden, esa gran virtud. El orden en la casa contribuye, sin duda y en gran medida, al placer de vivir, pues hace ganar tiempo y ahorra muchas fatigas innecesarias. Encontrar soluciones para lograr que todo esté precisamente en su sitio y que este sea siempre el más cómodo y adecuado para cada momento, es lo que se ha denominado como almacenamiento clasificado y es sin duda el de mejor resultado práctico. El objeto principal es que los objetos de uso ordinario han de encontrarse al alcance de la mano. 

El almacenamiento clasificado se puede estudiar siguiendo un planteamiento muy práctico y racional, y en el que se han utilizado al máximo, por ejemplo, los armarios empotrados.

En el hall o cuarto de estar

En el hall o cuarto de estar, debería de haber un armario-ropero, y encima, en la parte alta, se puede guardar todo el material de deporte: raquetas, balones, guantes, etc. Cerca de esta pieza, aproximadamente en el centro del apartamento, se debería de disponer de un cuarto de desahogo, donde poder meter todo el material higiénico y de limpieza y, en la parte menos accesible, los vestidos que no son de la temporada.

En los dormitorios

En cada uno de los dormitorios debería de haber su correspondiente colgador de unos 60 centímetros de profundidad; y un armario para la ropa interior, del que se utiliza solamente la mitad de la profundidad, de tal manera que con un fondo de unos 30 cm todo está al alcance de la mano. Caben también en estos armarios las sábanas, fundas de almohada y de almohadones necesarias en cada habitación de la vivienda.

En los W.C. y en los cuartos de baño

En los baños o W.C. debería de haber un armarito para el material de conservación del calzado y un taburete.

En el cuarto de baño, debería de colocarse un armario para botiquín que se cierra con llave; se guardan también las toallas y los albornoces.

En la cocina

Todo el material para cocinar estará, desde luego, en la cocina, pero no solo eso, sino también los paños de frotar o limpiar. Se ha de disponer de un armario con doble acceso para guardar la vajilla, de modo que se recoja allí directamente después de fregar, y, en un rincón lo más separado posible de los útiles de guisar, todo lo relativo al lavado de la ropa (lavadero, bolsas de ropa sucia, tendedero de techo, etc.).

En el comedor y en cuarto de estar

En el comedor o en la zona de comer, debería de haber un armario para los vasos y la ropa de mesa. Y en la parte del cuarto dedicada a zona de estar, lo referente a discos, libros, juegos de mesa, etc., es decir, todo lo que sea distracción. Por último, en un armario empotrado se encuentran los útiles de plancha y costura.


Una distribución como la que se acaba de describir sería la ideal si se trata de una construcción nueva, pero incluso cuando se dispone de una vivienda no tan reciente, hay una serie de mejoras que, sin duda alguna, pueden realizarse teniendo en cuenta las siguientes normas o principios: 

– Es preciso guardar todos los objetos en el lugar en que suelen utilizarse normalmente: los trapos, en la cocina; las sábanas, prendas de vestir y ropa interior, en los dormitorios; la vajilla, los platos y la cubertería, cerca de la mesa de comer, y las fuentes, en la cocina, que es el lugar donde han de prepararse.

– Es conveniente colocar los objetos de uso diario a la altura más o menos accesible (entre 70 y 170 cm, aproximadamente), poniendo en la parte más alta los objetos que se usan únicamente en determinadas estaciones y en la baja, los objetos más pesados (si fuera posible en cajas con ruedas o de fácil extracción).

– No hay que olvidar que la profundidad de los armarios empotrados debe estar en relación con los objetos que se hayan de guardar en ellos: unos 65 centímetros para las prendas de vestir; 30 centímetros para los platos; 15 centímetros para los vasos; 25 centímetros para los servicios de café; 33 centímetros para las sábanas y de 22 a 25 centímetros para los libros corrientes. Si los armarios tienen mayor profundidad, pueden aprovecharse al completo mediante la utilización de baldas corredizas, bloques de cajones, medias baldas o equipando las puertas.

– Agrupar todo el material según su utilidad. Todos los productos de conservación de la casa tienen que estar en el mismo lugar, pero deben, además, guardarse juntos los productos para la plata con sus trapos, los de cristales con los suyos y los de los metales con sus paños correspondientes, pues son estos pequeños detalles los que, con el tiempo, facilitan la vida y el día a día en la vivienda.

– Es preciso guardar junto todo el material necesario para la plancha; y disponer de un rincón para la costura en el cuarto de estar o en el dormitorio.

– Procurar acondicionar un rincón, por pequeño que sea, que haga el papel de despacho para guardar en él todos los papeles que sea necesario conservar y sirva, además, para que quien lo necesite pueda leer o escribir una carta sin rebuscar por todas partes y sin molestar a nadie.

– Es buena idea concentrar en un lugar situado en el centro de la casa todo el material necesario de limpieza. Una buena manera de evitar perder el tiempo inútilmente consiste en guardar todos los productos en un cestillo o una mesita con ruedas. Si se trata de una vivienda unifamiliar es preciso tener un juego doble de escobas, trapos, cepillos, etc., uno en la planta baja y el otro en el primer piso. Sería muy conveniente hacer lo mismo con el aspirador, pero debido a su precio resulta un poco utópico.

– Tirar todos aquellos trastos inservibles. Cuando se dispone de un desván, puede permitirse el lujo de guardar. En caso de vivir en un piso o apartamento, no queda más remedio que tirar lo que no vale la pena.

– Al poner en orden los armarios, es aconsejable hacer de todos los objetos una triple selección: primero: los que es preciso guardar; segundo: los que deben eliminarse; y tercero: los que todavía pueden servir para algo. Si pasados 6 meses no se ha necesitado ninguna de las cosas de este tercer grupo, pueden tirarse ya sin ninguna compasión. Cuando se hace esta selección, hay que tener presente que lo que para una persona es inútil para otra puede significar una verdadera ganga; por lo tanto, todo lo que todavía está en buen uso es mejor regalarlo (como puede ocurrir con las prendas de vestir que no se utilicen, libros, juguetes, muebles, etc.).

Como último consejo. Una vez que se ha dado con el sitio ideal para cada cosa, guárdese siempre en ese mismo lugar y cada vez que se utilice recójase inmediatamente de terminar. Este es el mejor modo de no dejarse nunca invadir por el desorden y, a veces, el único medio de conseguir que los demás hagan otro tanto. Aunque pueda parecer difícil de conseguir, cuanto más racional se haga el almacenamiento, más fácil resultará, y a la larga se cumplirá la regla de oro del orden, es decir, el orden atraerá al orden.

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La importancia de los volúmenes de almacenamiento

Para poder aplicar con mayor facilidad todos los principios a que se ha hecho referenci anteriormente, es conveniente conocer el valor global de los volúmenes de almacenamiento que son, más o menos, los siguientes:

– Para un servicio completo compuesto de vajilla, vasos y cubiertos para 12 personas: 0,70 metros cúbicos (por ejemplo, un mueble de comedor de 170 centímetros de largo por 47 de profundidad y 81 de alto).

– Para la ropa personal: 0,280 metros cúbicos por persona, con una profundidad de unos 40 centímetros, determinado por las medidas de una camisa de hombre doblada.

– Para el armario colgador, por persona: es preciso disponer de una anchura de unos 77 centímetros, una profundiad de unos 55 (o si es posible de 60) y una altura de unos 145 centímetros.

– Para la ropa blanca de una familia de 3 a 6 personas: 1,45 centímetros cúbicos. En este terreno no hay ninguna clase de imperativos respecto a las dimensiones en sí, ya que al planchar la ropa puede doblarse de modo que se adapte a las dimensiones del armario existente. Una toalla puede doblarse en tres, par alo cual hace falta una profundidad de unos 35 centímetros, o en cuatro hojas, y en este caso es suficiente con una profundad de unos 25 centímetros.