Belleza

¿Qué es la belleza?

La belleza no es la perfección, sino la personalidad, la vitalidad, la irradiación del encanto personal.

La belleza ¿cómo se podría definir la belleza? Esta es una pregunta que, desde el punto de vista de la historia del mundo femenino, no es nada fácil de contestar. Si nos remontamos a tiempos pasados podemos comprobar que el tipo ideal de la mujer ha ido evolucionando a lo largo del tiempo, y ha sido y es distinto en los diversos continentes. En la Antigüedad se prefería una silueta de mujer robusta; en la Edad Media se puso de moda la figura alta y fina, y en el Renacimiento surgió la silueta cuneiforme. La mujer rellenita fue característica del siglo XVII; volvió a estilizarse durante el reinado de Luis XV de Francia, para cambiar de nuevo cuatro o cinco veces más antes de adquirir en nuestro tiempo, y sin duda provisionalmente, cierto equilibrio.

Las Venus de las civilizaciones antiguas, como la de Savignano, tenían un fuerte y opulento busto y, por el contrario, en Egipto, este era pequeño. En África negra gusta el pecho flácido y estirado, mientras que en Extremo Oriente se prefiere el seno menudo. Y en España, Estados Unidos, México, Argentina, Francia, etc., ¿qué mujer no ha soñado con tener la figura como la de alguna famosa actriz?

Sin embargo, no es necesario recurrir a la historia o a la geografía para definir la belleza, pues esta varía según el gusto de cada individuo y es prácticamente imposible encontrar dos personas, incluso del mismo país, con idéntica opinión sobre el ideal de belleza femenina. Es muy corriente el caso del hombre que al enamorarse de una mujer la considera la más bella del mundo, aunque el resto de la gente no le encuentre un atractivo especial.

El desarrollo de la personalidad, el mejor medio para llegar a ser Bella

No existe un único modelo de belleza, sino tantos como tipos de mujeres, y la clave del éxito está en encontrar y afirmar el propio. El no tener las medidas ideales o la misma silueta que las actrices preferidas no debe ser motivo de preocupación, sino que hay que considerarse siempre con muchas posibilidades de llegar a tener atractivo. La belleza no reside en la línea de la nariz, de los labios o de la esbeltez del busto; exige muchos más, y al mismo tiempo, muchos menos elementos.

Se da el caso de que ciertas mujeres, a pesar de tener unas facciones regulares o poseer una silueta irreprochable, no resultan atractivas o pasan inadvertidas y, sin embargo, otras llaman la atención aun sin tener un rostro fino o unas piernas bien moldeadas. Estas personas tienen, empleando un término teatral, presencia; la presencia física de un cuerpo que vive dinámicamente y la presencia moral de un ser con pensamientos positivos y que ama la vida. La belleza no es la perfección, sino la personalidad, la vitalidad, la irradiación del encanto personal.

Para captar la belleza hay que empezar por desembarazarse de los complejos que anulan la confianza en una misma y no tienen ninguna base seria, pues lo mismo que la perfección no siempre lleva consigo el atractivo personal, tampoco ningún defecto produce obligatoriamente repulsión. Es una tontería autogestionarse con los propios defectos; lo que hay que hacer es aceptarlos y procurar que no se noten, o bien tratarlos con audacia hasta llegar a convertirlos en nuevos elementos de encanto personal. Puede tomarse como ejemplo el de algunas actrices que han transformado un defecto físico, que se consideraba un hándicap para su carrera, en un atractivo más de su personalidad. La belleza está al alcance de todas las mujeres, y a veces el éxito radica precisamente en el hecho de reconocer o afirmar un defecto; por lo tanto, puede decirse que no hay mujeres feas, sino amargadas, resignadas o sin esperanza. Como dice el refrán: ” a los veinte años, belleza regalada; a los cuarenta, ganada”.