Belleza

La piel, ese manto de belleza

Una piel bonita hay que merecerla, conseguirla - Photo by ian dooley on Unsplash

Estas son algunas de las quejas que se oyen con frecuencia: “No tengo suerte, tengo una piel fea… Demasiado grasa… Tengo un cutis sin brillo… Tengo el rostro borroso…”. Sin embargo, estas quejas son totalmente injustificadas, pues una piel bonita hay que merecerla, conseguirla. Las mujeres que la tienen naturalmente fresca, deben cuidarla para que lo siga siendo, y las que tienen un cutis con problemas, deben buscar una solución. La primera preocupación de belleza debe ser conocer perfectamente la piel y poder así seguir un tratamiento apropiado. Para ello no es mala idea hacer un repaso de los diferentes tipos de piel y ver como deben limpiarse, protegerse y alimentarse cada uno de ellos.

PIEL NORMAL

La piel normal, la que tienen todos los niños, es muy rara una vez pasada la adolescencia, épica en que las glándulas entran en actividad y ponen en marcha toda una serie de secreciones infinitamente delicadas. Se reconoce por su aspecto liso, aterciopelado, firme y elástico a la vez, por su tinte mate y claro, todo ello debido al equilibrio y a la normalidad de su constitución y funcionamiento. La piel normal tiene el justo espesor, los pigmentos que le dan color están regularmente repartidos y es ligeramente ácida: pH 4,5 a 6 aproximadamente, con lo que se impide el desarrollo de microbios y hongos. La circulación sanguínea es lo bastante intensa como para poder alimentar la epidermis y evacuar sus residuos; las glándulas sebáceas segregan los cuerpos grasos necesarios para lubrificarla, protegerla y darle suavidad y resistencia; sus capas profundas contienen bastante agua y sus glándulas sudoríparas producen el sudor suficiente para mantenerla hidratada. Sin embargo, para una buena conservación necesita un mínimo de cuidados indispensables.

Un cutis luminoso es el primer paso hacia la belleza

Por la mañana, un lavado con agua pura, no calcárea, ya sea con las manos o bien utilizando un pulverizador, es suficiente para eliminar las pocas y débiles secreciones nocturnas; a continuación, viene bien una ligera fricción de la piel con un algodón empapado en un tónico con un poco de alcohol.

Durante el día, conviene emplear una base de polvos protectora, ligera, no grasa y del tipo aceite en agua (los desmaquillantes, como las bases de polvos y las cremas, son de dos tipos: “aceite en agua” y “agua en aceite”. La base de los primeros es un producto graso disuelto en otro acuoso y las del segundo, lo contrario), por ejemplo al colesterol.

A la noche es imprescindible llevar a cabo una buena limpieza con leche de almendras o crema de lanolina y, luego, una suave fricción con un tónico para que se cierren los poros.

A partir de los treinta y cinco o cuarenta años se recomienda el uso de una crema de noche que mantenga el equilibrio de la piel, ya sea a la lecitina o con vitamina A y F.

Otro cuidado de belleza muy eficaz es la aplicación, una vez a la semana, de una mascarilla de extractos vegetales o de frutas, que refresca el cutis y lo limpia en profundidad.

Como puede observarse, los cuidados que necesita una piel normal no son excesivos; sin embargo, basta con que los productos empleados no sean los más convenientes para que este tipo de piel se convierta en seca o sensible.

PIEL GRASA

La piel grasa es, evidentemente, un tipo cutáneo que segrega demasiada grasa o sebo. Esto lo sabe cualquiera y parece que es fácil de reconocer a simple vista, aunque no siempre es así.

Desde luego, cuando el sebo se evacúa libremente, los poros por donde salen se dilatan y la piel adquiere un aspecto grasiento y aceitoso, pero puede suceder que el sebo se acumule y se solidifique en los pequeños conductos secretorios y entonces la piel adquiere un aspecto rugoso y áspero, por lo cual a veces se confunde conla piel seca.

Cuando el cutis está lleno de puntos negros (cúmulos de sebo con la cabeza ennegrecida por el aire) o puntos blancos (si el sebo se agrupa entre la dermis y la epidermis), adquiere una apariencia tosca y una superficie irregular. En ambos casos la piel ofrece un aspecto estropeado y amarillento y la piel, al ser alcalina, se infecta fácilmente y se llena de granos. Este tipo de epidermis no es siempre una característica congénita de la persona sino que puede estar provocada por el exceso o desequilibrio de ciertas hormonas, la tensión nerviosa, las alteraciones del sistema nervioso, vago o simpático, que favorecen la seborrea (exceso de secreciones grasas) o bien por una alimentación inadecuada, a base de demasiado azúcar y féculas (y no cuerpos grasos, como pudiera creerse).

Durante la pubertad, la secreción de hormonas, con frecuencia muy desordenada, excita las glándulas sebáceas, mientras en la madurez, normalmente a partir de los cuarenta años, la actividad de las glándulas comienza a reducirse y la piel se hace más seca.

Cuidados

Durante mucho tiempo, las pieles grasas se han tratado con enérgicos y repetidos desengrases, pero hoy en día los médicos han demostrado que esas limpiezas provocan, al cabo de cierto tiempo, una reacción de las secreciones grasas, ya que las glándulas se excitan.

También se consideraba a las pieles gradas como poco frágiles, y la verdad es que son tan vulnerables como puedan serlos las pieles secas y, en consecuencia, hay que tratarlas con delicadeza, utilizando productos suaves. Los jabones y detergentes ácidos, los disolventes de grasas (éter, acetona, alcohol, lociones, yodadas, etc.) y los astringentes fuertes resecan la superficie, aunque estimulan las secreciones, e irritan y dañan la piel pues cierran los poros sobre su contenido graso. Las lociones contra las espinillas no hacen más que blanquear la cabeza de las mismas, sin destruir la acumulación de grasa, a no ser que lesionen al mismo tiempo los tejidos que las rodean.

Por la mañana debe lavarse la cara con abundante agua fresca o una loción farmacéutica baja en alcohol y a continuación, aunque parezca extraño, emplear como base de polvos una emulsión grasa de cera de abeja o aceite de vaselina, pues deja en reposo las glándulas sebáceas. Conviene evitar las cremas evanescentes y las preparaciones sulfurosas, que la piel no suele soportar.

Las pieles grasas necesitan una higiene rigurosa, pero no un trato brutal. Son muy convenientes los baños de vapor.

Por la noche, el mejor desmaquillante es la leche de pepinos, ligeramente astringente, o un desmaquillador con lipoproteínas, poco detergente. No es necesario utilizar ninguna crema de noche especial, sino que basta conservar sobre el cutis los restos del producto que se usó al desmaquillarse. Si la piel es excesivamente grasa, puede utilizarse la crema de día, pero en muy poca cantidad y teniendo cuidado de quitar lo sobrante con un papel desmaquillador.

Si es preciso, una o dos veces a la semana pueden sacarse los puntos negros exprimiendo entre dos algodones o dos gasas muy limpias, después de haberles ablandado la cabeza con un baño de vapor o una crema grasa extendida sobre el rostro durante unos minutos; a continuación, conviene aplicarse una mascarilla hecha con levadura de cerveza, más que para secar la piel, con objeto de purificarla.

Maquillaje

El maquillaje es poco aconsejable en pieles grasas, pues altera las secreciones alcalinas, por lo que hay que procurar utilizarlo lo menos posible, sin intentar disimular las imperfecciones bajo capas de maquillajes opacos, ya que de este modo lo único que consigue es asfixiar la piel. 

Únicamente puede emplearse una levísima capa de un fluido matizante, con polvos incorporados, o empolvarse encima de la crema de base, pues los polvos absorben las secreciones y neutralizan la brillantez de la piel. Durante el día, para los retoques, los más prácticos son los compactos. 

Una piel tratada de este modo se normaliza al cabo de algunos meses, ya que las glándulas, al dejar de ser estimuladas, funcionan menos activamente. Si por un desarreglo hormonal o nervioso se percibe una intensificación de la seborrea, es preciso curarlo para que la secreción vuelva a la normalidad.

Es preciso tener en cuenta que el NFC utiliza un protocolo de seguridad básico que debería complementarse con medios adicionales, como la doble confirmación mediante contraseña, sobre todo en relación con determinadas operaciones.

PIEL ACNEICA

El acné se considera injustamente, y con ello con demasiada frecuencia, como un mal inevitable de la adolescencia y que debe curarse por sí misma con el tiempo…, o con el matrimonio. Aunque, efectivamente, esto sea cierto, y el acné se cure por sí sola al cabo del paso de los años, antes del matrimonio o después, esta no es razón de peso para desperdiciar los mejores años, ni para dejar que se hagan en el cutis marcas imborrables.

El acné aparece en aquellas pieles demasiado grasas en que los puntos negros se han infectado y transformado en granos. La seborrea lleva consigo, inevitablemente, un espesamiento de la epidermis y un empequeñecimiento de los poros por los cuales se debería eliminar el sebo, por lo que este se queda en el interior, total o parcialmente. Como la piel grasa es alcalina y no está protegida contra los microbios, la inflamación y la infección se desarrollan libremente alrededor de los puntos negros.

Es muy fácil reconocer una piel acneica: es amarillenta, espesa y llena de granos, con una superficie tosca, desigual y áspera al tacto. El acné suele aparece durante la pubertad, con la influencia de las secreciones hormonales, pero hay ciertos elementos que la agravan, como un temperamento nervioso o ansioso, por lo que suele decirse que el acné no es una enfermedad de la piel, sino de los nervios; de lo que no hay duda es de que durante los periodos de tristeza, preocupación o exámenes se intensifica notablemente.

Si, con respecto al régimen de vida, se habla de los intelectuales con la cara llena de granos y nunca de los granos de los artesanos, esto es debido a que una vida sedentaria, sin aireación, consagrada a un intenso trabajo intelectual, desarrolla el acné.

Por lo que se refiere a las funciones digestivas, los acneicos suelen comer demasiado deprisa, tragan casi sin masticar y padecen estreñimiento crónico; su hígado no funciona bien, su estómago es perezoso y sus intestinos frágiles.

Cuidados

El primer paso es consultar a un médico dermatólogo, quien probablemente recetará ciertos medicamentos: antibióticos, hormonas, vitaminas y calmantes nerviosos; eventualmente tratará los trastornos digestivos e incluso puede que practique algunas sesiones de radioterapia, para reducir el exceso de secreciones.

El médico es el único que puede exprimir los granos y puntos negros, ya que una persona sola no puede vaciar por completo cada cavidad, ni sabe escoger el momento propicio para hacerlo, es decir, cuando comienza a atenuarse la seborrea. Para acabar la cura normalmente, el dermatólogo hace que la piel se pele un par de veces para que pierda espesor y recupere su buen funcionamiento. Pero los cuidados cotidianos son también esenciales, e incluso pueden ser suficientes para curar el acné. En los seborreicos, las glándulas sebáceas son muy sensibles y reaccionan a estímulos inofensivos para las glándulas normales, como las hormonas, los productos fuertes, las radiaciones, la expresión de puntos negros, los masajes profundos, etc., que, al sobreexcitar su funcionamiento, anulan el efecto secante del tratamiento.

No hay por qué secar la cara restregando fuertemente; basta con dar unos golpes suaves con la toalla.

No deben emplearse nunca desengrasantes demasiado fuertes, como alcohol alcanforado, yodo, éter, acetona, licor anodino de Hoffmann o productos sulfurosos e irritantes, ya que, después de haber desengrasado la piel con cualquiera de ellos, la capa de grasa del cutis no tiene el grosor suficiente y las glándulas segregan de nuevo para restablecerla; en cambio, un producto graso deja las glándulas en reposo.

No deben exprimirse nunca los granos, sobre todo sin tener las manos perfectamente limpias, pues lo único que se consigue es extender la infección por todo el rostro y, además, al no vaciar los granos por completo, se favorece la infección.

Tampoco convienen los baños de sol, porque si bien es verdad que atenúan momentáneamente la erupción (como los rayos ultravioletas), por otra parte, espesan la capa córnea superficial de la epidermis, con lo que la retención del sebo aumenta.

El cutis debe limpiarse, a la mañana y a la noche, con una leche desmaquilladora o con abundante agua fresca, y a continuación, aplicar una emulsión protectora bastante grasa del tipo agua en aceite, que no influye en las glándulas sebáceas como las cremas secas y evanescentes del tipo aceite en agua.

Maquillaje

El maquillaje de la piel acneica es el mismo que el de las pieles grasas. Si el cutis brilla durante el día, puede secarse el exceso de secreción con un papel especial; por la noche conviene acentuar bien el maquillaje de los ojos y labios, para que la atención recaiga sobre ellos y las imperfecciones del cutis pasen desapercibidas.

Sería inexacto citar el ejemplo de algún acné que haya resistido durante mucho tiempo a un tratamiento médico sensato; por lo tanto, no hay por qué conformarse con soportar el acné, sino tender a curarlo con sentido común.

PIEL BARROSA

Tener buena cara es estupendo, pero cuidado cn las personas que tienen una cara demasiado buena y se felicitan por el color rosado de sus mejillas. La frontera entre una piel fresca, coloreada por una sangre bien viva y oxigenada, y una piel barrosa, en la que los vasos capilares, visibles por transparencia, están perpetuamente dilatados, es muy poco clara.

La piel con estas características es de un rubor difuso o está marcada por pequeñas estrías violáceas o rojizas, más pronunciadas en los pómulos, en las aletas de la nariz y en las regiones donde los músculos trabajan menos.

Los barrillos empiezan insidiosamente. La piel comienza a enrojecer debido al calor o al frío, por los cambios bruscos de temperatura, después de comer, al experimentar una emoción, durante el ciclo menstrual, etc., y, si los vasos capilares son poco elásticos, soportal mal estas rápidas dilataciones y poco a poco acaban por quedarse rígidos. Por eso las personas que corren mayor riesgo de que su piel se vuelva barrosa son las que trabajan expuestas a un calor fuerte (cocina o cualquier tipo de máquina) o viven en regiones frías y ventosas. Muchas chicas con la piel fina y seca, pero de circulación perezosa, corren también este peligro al exponerse a la intemperie sin la debida protección.

Los principios de una piel barrosa pueden detenerse y hasta curarse completamente por medio de cuidados diarios, pero una piel barrosa ya establecida no puede eliminarse si los cuidados cotidianos no van acompañados de un tratamiento médico, que suele consistir en varias sesiones de electrocoagulación o de nieve carbónica cada una o dos semanas.

Cuidados

La piel del rostro, frágil e hipersensible y congestionada a la menor irritación, hay que tratarla con grandes precauciones. Por la mañana debe lavarse con leche de pepinos o de almendras dulces, sin frotar, pero nunca con agua, sobre todo si es calcárea, ni jabón alcalino. Después puede hacerse una pulverización con una loción sin alcohol, o aplicarse el tónico habitual y a continuación extenderse una crema grasa o aislante, de cera de abeja o de siliconas.

Por la noche conviene hacer el mismo lavado que por la mañana y, si el cutis está muy congestionado, puede reemplazarse la pulverización por una compresa empañada en el mismo producto. En los casos de piel extremadamente seca, la crema o la lanolina es la más apropiada para la noche, y una vez a la semana resulta muy beneficiosa la aplicación de una máscara suavizante de azuleno. Sin embargo, el mejor sistema de combatir el barrillo del cutis es evitar las ocasiones de congestión y de choques circulatorios, como los baños de sol o permanecer carca de fuentes de calor, pasar frecuentemente de un ambiente caliente a otro frío o viceversa, las comidas demasiado copiosas, muy rápidas o acompañadas de bebidas alcohólicas en exceso, etc.

Maquillaje

Como el cutis es muy vivo y tiene suficiente color, los maquillajes no son demasiado necesarios, pero si se acostumbra a usarlos, entonces los productos más adecuados son aquellos a base de hamamelis o castaños de India, pues al ser astringentes unifican la coloración sin teñir. El rubor puede neutralizarse con polvos o con una crema de base beige o pajizo, pero nunca rosa. Es muy conveniente reemplazar el maquillaje de las mejillas por un líquido antiarrugas y usar la barra de labios de un rojo neto u oscuro, evitando siempre los anaranjados.

PIEL SECA

Es un tipo de piel muy frecuente hoy en día. Se conoce sobre todo por su finura y sus poros poco visibles; al pasar la mano sobre el rostro, se siente rugosa al tacto y a veces incluso escamosa, pues sus células muertas, despegadas, se reúnen en pequeñas aglomeraciones antes de separarse de la epidermis. También es fácil reconocerla por sus reacciones, pues es una piel muy sensible, con tendencia a agrietarse y a los sarpullidos e irritaciones; se arruga fácilmente y se pone tirante al menor contacto.

Tiene las capas profundas atrofiadas o semiatrofiadas, y como sus secreciones grasas son insuficientes y están destruidas o elimindadas, no contiene el agua ni la grasa necesaria para fijar los líquidos y evitar su evaporación.

La piel seca es muy frecuente en las personas de naturaleza nerviosa, aunque también pueden darse por otras circunstancias, como, por ejemplo, el paso de los años, la influencia del clima: frío, lluvia y muy frecuentemente el sol, que es un fuerte deshidratante.

También los ambientes demasiado secos suelen ser contraproducentes, pues la calefacción seca la piel del mismo modo que el pan o las plantas de interior. Muy a menudo la culpa de la sequedad la tienen productos de higiene o de belleza inadecuados o de poca calidad, como el agua dura, con demasiado cloro, o llena de microbios; los jabones demasiado alcalinos, ácidos (cualquiera de estos dos defectos provoca que la piel se seque), grasos o con un cuerpo graso con tendencia a enranciarse, o un perfume de mala calidad, las lociones con demasiado alcohol, los astringentes muy fuertes, los detergentes desengrasantes, los cosméticos demasiado hidrófilos que absorben el agua de los tejidos y, por último, un sinnúmero de causas.

Cuidados

La piel seca hay que tratarla con mucha precaución y utilizar solo cosméticos de la mejor calidad, que deben cambiarse al menor síntoma de irritación. Para el lavado conviene emplear siempre agua muy pura o hervida, o bien reemplazarla por una decocción de malvavisco (treinta o sesenta gramos por litro), pues sus mucilagos neutralizan la acción calcárea, y un jabón no perfumado con lanolina.

No ya en el aspecto de la belleza, sino como medida puramente higiénica, es preciso tener una toalla de exclusivo uso personal y de un tejido natural que no irrite la piel, como la felpa y el hilo, y cambiarla por lo menos dos veces a la semana. Para su limpieza, esterilizarla, es decir, hervirla, pero sin jabón, lejía ni detergentes, escurrirla y plancharla con la plancha muy caliente.

Por la mañana hay que lavarse la cara con agua pura o una loción muy baja en alcohol, diluida en uno o dos volúmenes de agua pura, secarse cuidadosamente dando golpecitos con una toalla suave y a continuación aplicar un cuerpo graso, que puede ser una base de maquillaje con aceite de almendras, de maíz o colesterina, pero nunca una crema evanescente. Conviene hacer la limpieza de la noche con una leche o una crema sin detergentes, por ejemplo una emulsión grasa del tipo agua en aceite (de aspecto untuoso), de pepinos, a la lanolina o al aceite de almendras, que debe extenderse con los dedos o con un algodón, y una vez hecho esto, limpiarse bien la cara, lavarse con agua pura y repetir la aplicación. Antes de meterse en la cama resulta muy agradable pulverizarse el rostro, durante tres o cuatro minutos, con agua mineral en aerosol o spray o darse una loción sin alcohol de extractos de plantas al azuleno y luego aplicarse una crema emoliente con vitamina PP y extractos de hormonas, formando una capa bastante espesa para evitar la evaporación del agua.

De vez en cuando es muy agradable sustituir la pulverización or una compresa empapada del mismo producto congestionante.

El empleo semanal de una mascarilla al huevo o al aceite de ricino para reengrasar y alimentar la piel es otra práctica muy recomendada para las personas de cutis seco.

Maquillaje

No conviene usar maquillaje, pues los colorantes que contiene son siempre un poco desecantes; en lugar de esto es suficiente extender sobre el cutis un fluido hidratante ligero y luego darse los polvos, nunca compactos, en una cantidad muy pequeña, porque, aunque protegen, a la larga deshidratan las pieles secas.

Siguiendo este simple programa, la piel se hará poco a poco menos frágil e irritable y la sequedad, si era consecuencia de los errores cometidos en su cuidado, se irá atenuando paulatinamente. En el peor de los casos, si se trata la piel como se ha indicado antes, tendrá mejor aspecto y, desde luego, se evitarán toda clase de irritaciones.